EL SECRETO DE LA ISLA DE LAS TENTACIONES

Es curioso y digno de análisis las características de ciertos programas para que nos resulten tan atractivos y tan adictivos. Si damos una vuelta a los programas de televisión actuales, se podría decir que realitys como “Gran hermano”, “Supervivientes”, “Hombres, mujeres y viceversa” o “La isla de Las Tentaciones” se llevan la palma. Millones de españoles seguimos de cerca estos programas desde el momento de su lanzamiento hasta su final, pero, ¿qué tienen estos programas?

Actualmente, acusamos de “raro” a la persona que no ha se ha enganchado a la tercera edición de La isla de las Tentaciones. Los datos no mienten y es que más de tres millones de españoles siguieron de cerca lo que pasaba en esas dos casas en medio del paraíso.

La gran mayoría de la audiencia somos jóvenes y es que si analizamos la estructura del reality no cabe lugar a dudas de que está diseñado expresamente para nosotros. Cada detalle está complejamente fijado para atraparnos y es que un gran porcentaje de nosotros nos sentimos identificados con alguno de los personajes porque hemos vivido alguna experiencia en el que éramos el tentador, el infiel o el engañado. Este sentimiento de identificación hace que cualquiera pueda situarse a favor o en contra de los distintos concursantes.

Además, podríamos decir que todos los participantes tienen el mismo perfil: personas atractivas, heterosexuales y “normativas”. Hay una clara pornificación de la belleza y todas las parejas tienen una relación tradicional.

Otro detalle muy llamativo, en el que también radica el éxito de este programa, es que los espectadores nos situamos intelectualmente por encima de los personajes, ya que el casting para elegir a los concursantes está expresamente hecho para elegir a aquellas personas con una escasa educación. Creernos más listos que las personas a las que vemos a través de la pantalla nos hace engancharnos y es que, si fuese al revés, a muchos nos aburriría porque se produciría un desafío intelectual que conllevaría, en muchos casos, dejar de ver el reality. La esencia del programa radica, entre otras cosas, en ver a gente que no sabe gestionar sus emociones.

No tenemos culpa de que nos guste “La isla de las Tentaciones” o ningún otro programa del estilo porque han sido creados minuciosamente para engancharnos. Pero sí debemos preguntarnos por qué crean ese contenido para nosotros, qué concepto de amor y de pareja está actualmente en nuestra sociedad y qué valores son los que de verdad queremos tener.

Doblecua

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