El muro, de Les Blondes: crítica musical

El mundo se mueve por amor,
se inclina ante él con reverencia
.
El Bosque – M. Night Shyamalan.

Parece una obviedad decir que, en el fondo, nada se pierde y todo se transforma, pero ¿qué ocurre cuando esto se aplica en el mundo de lo inmaterial? La vida cambia, el cielo cambia, la carne cambia… ¿y qué pasa con el amor? Ah, el amor… cuando el verbo se hace carne. Quizá podamos hacer una excepción a la hora de considerar al propio amor como algo intangible aunque este no pueda señalarse con el dedo.

Como eje vertebrador de prácticamente toda tragedia clásica, parece que la ficción se acomoda y amolda a la realidad, dejando que el amor oriente a las vidas particulares, trascendiendo toda clase de límites.

Sin embargo, aunque el ideal de este amor siempre sea el mismo, su transcurso nunca es igual. Nunca dos historias de amor coincidirán en los detalles, nunca el amor se dará de la misma manera incluso en la misma persona. Porque la catarsis aristotélica, cuando traspasa la cuarta pared y nos hace a nosotros mismos los protagonistas, no puede anticiparse hasta el final mismo de la historia. Ocurre entonces que, cuando nos aventuramos a amar, nos disponemos a ser héroes o vencidos a partes iguales, sin saber muy bien en cuál de ambas pieles habitaremos.

Arte y vida parecen confluir en este hecho y, por ello, no sorprende que los artistas, en todas sus variantes, hablen tarde o temprano de las flechas de Eros: amor incondicional, frustrado, imposible, perfecto, prohibido, idílico, inolvidable, dañino. ¿Cuántos adjetivos para un solo sustantivo? Tantos como historias.

La canción El Muro, de Les Blondes, retoma este tema que, a priori, puede parecer recurrente, pero si nos detenemos a escuchar la letra que la compone, veremos que el amor del que habla no es el amor en sí, ni lo que queda después del mismo. Esta canción nos habla del delirio, de la posibilidad y la imposibilidad, de la locura de no poder escapar porque tampoco se tiene la voluntad de huir. Muchas son las reminiscencias que podríamos extraer, comenzando por García Lorca en Bodas de Sangre, mencionando incluso la simbología que da nombre a esta canción: Porque yo quise olvidar / y puse un muro de piedra / entre tu casa y la mía. / Es verdad. ¿No lo recuerdas? / Y cuando te vi de lejos / me eché en los ojos arena. / Pero montaba a caballo / y el caballo iba a tu puerta.

Incluso podríamos también recuperar la prosa de Simone de Beauvoir en La mujer rota donde el olvido después de la locura no es posible –Aquí estoy destrozada por recuerdos desgarradores, lo llamo y no contesta–; donde hasta los objetos parecen gritar el nombre que tanto nos hiere –He mirado sus pijamas, sus camisas, sus camisetas; y me he echado a llorar–. Porque a veces, lo que más duele es cuando el amor no encuentra un cauce con doble dirección y una persona se desborda ante el vacío de la otra.

Sin embargo, hay algo que diferencia a El Muro de estas historias cuyo final anticipado sabemos que es la derrota, la piel del vencido, y es que, en esta canción, aún hay lugar para la esperanza; aún se pueden dar pasos hacia delante y derribar el muro para encontrar las manos que no están dispuestas a olvidarse. Aquí reside la magia, en el final abierto, en el desgarro de la voz por vencer a la locura que ahora los separa, dejando a todos aquellos que la escuchen con la posibilidad de imaginar el destino de los amantes, no sin antes hacer una parada en la sentimentalidad de todo aquel que escuche, suscitando y elevando los recuerdos de la propia experiencia y, tal vez, invitándonos a revivir el transcurso de las más tiernas historias, imaginando los más deseados finales.

Rebeca Cost

Portada diseñada por Esther Martín

¿Quiénes son Les Blondes?

Entre dos personas se hace mucho ruido, y, en ocasiones, ese ruido puede canalizar todo un mundo interior lleno de significados. Esto es lo que hacen Les Blondes tras haber encontrado un sonido propio y original que hará que todos los que les escuchen se sientan como Eurídice persiguiendo la música de Orfeo, dejando atrás todo un mundo de tinieblas.

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