Sobredosis

Era instinto, impulso. La conjunción astral que elevaba las mareas hasta mi cuello. Marea de un mar cálido y violento, indomable.

Diría que me hice adicta a ti. Y ahora me asusta que te vuelvas esa droga que me inyecto cuando las venas se vacían, que seas otra cicatriz palpitante, otra historia que contar con nostalgia.

Y aún con miedo no puedo parar, porque necesito una sobredosis de ti, de esas que dejan en coma, que calman el huracán y lo vuelven brisa marina. Necesito el calor que abrasa, aquel que se filtra en las heridas y cala hasta los huesos. Los ojos que abrazan el alma y los brazos que guardan el cuerpo. El sueño despierto de quien lo tiene todo. Y sin dudar volvería al sauce cada tarde para cantarte entre hojas, para sentarme en el banco al lado de tus acordes. Una melodía íntima, un beso por cada nota. Nuestro pequeño rincón del mundo, ese en el que estemos juntos, cualquiera en el que pueda seguir el compás de tus latidos. Mi hogar.

María José Pino

Sauce que llora, Monet

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