Soledad

Oscuridad, miedo, angustia … Demasiadas emociones juntas, demasiada tristeza reunida para poder contenerla. Un camino que no tiene fin, en el que iba andando sin rumbo dejando que el tiempo pasase. Ese camino era un túnel oscuro como la noche misma y el mayor problema era que había entrado en él hace ya tantos años que ni sabía cómo salir del mismo.

Sin embargo, en un día normal como cualquier otro en el que estaba absorto en mis pensamientos como era habitual en mí, vi algo que se diferenciaba de la oscuridad, algo que nunca había visto, algo que se asomaba en el horizonte como ninguna otra cosa antes percibida por mis ojos.

Al principio, creía que aquello que veía era solo producto de mi imaginación, que estaba delirando, pero luego, al acercarme, fui contemplando una especie de bola de luz, que era tan real que incluso podía abrazarla, y al hacerlo me daba una sensación de sosiego y calidez que llevaba una infinidad de tiempo sin sentir, prácticamente desde que había entrado en ese maldito túnel.

La luz se fue; en un primer momento no sabía qué hacer, ni cómo actuar. Me invadió la necesidad de volver a encontrarme con esa luz, me había hecho abandonar por unos instantes todo el pesar que llevaba en mi interior, con aquel breve encuentro sentía que había cambiado algo en mí. Mi tiempo ya no lo dedicaba a divagar en mis simples ideas y temores sino que pensaba en esa luz, que tan confortable sensación me dio al estar a su lado.

No paré de andar, ni de buscarla por todos sitios, en esos días las horas se hacían tan largas que hasta se me pasaba por la cabeza el rendirme, el desechar la idea de volver a encontrarla y estaba asumiendo que iba a tener que volver a mi profunda oscuridad. Sin embargo, un día en el que mis esperanzas estaban terminando de agotarse, por obra de la suerte o del destino, vi de nuevo a la luz en el interior del túnel.

Imagen relato
Ilustración realizada por Moon

En esta ocasión, ya lo tenía todo mucho más claro, había decidido no separarme de ella por mucho que me costara, por mucho que tuviera que sacrificar o por mucho que tuviera que sufrir. El sentimiento de felicidad que me aportaba el estar a su lado era mucho más valioso que todo lo que yo pudiera dar por ella. De ese modo, la luz emprendió de nuevo su camino y yo la seguí con mi mayor esfuerzo hasta que ella me condujo como la nada a la salida del túnel, algo que no había podido encontrar durante años y que gracias a ella por fin lo había conseguido.

Salí al exterior, la luz a la que tanto cariño le había cogido en tan poco tiempo se fue elevando hacia el cielo, tuve miedo unos segundos, no sabía qué ocurría ni cómo responder, pero rápidamente se disiparon mis dudas.

La luz fue subiendo y creciendo en consonancia hasta transformarse en un sol, que brillaba como ninguna otra cosa en el mundo y que, a pesar de que en algunos momentos no lo divise, sé que siempre está detrás de mí, apoyándome.

Todos tenemos una luz que nos hace salir del túnel, lo único que tenemos que hacer es encontrarla.

Juan Carlos Casas

2 comentarios sobre “Soledad

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