Lapso

No es tan difícil evadirse de la realidad. Depende del empeño que pongamos en ello. Todos nos hemos escapado alguna vez a ese lugar imaginario, ese sitio en el que todo está bien y nos sentimos más cómodos que en el propio mundo real.

Ese Momento en el que se te va la cabeza, en el que tus ojos ven una cosa, pero tu imaginación ve un sinfín de situaciones y de posibilidades diferentes. El Momento para el que hace falta mucha imaginación, el que es eterno pero que en tiempo real apenas ocupa unos segundos. Es en ese momento en el que tu subconsciente te lleva a ese sitio en el que te sientes cómodo o en el que crees que lo harías, haciendo lo que más te gusta y en la compañía de la gente que te gusta.

Pero este Momento, que suele romperse por una llamada de atención, es más utópico de lo que podríamos imaginar. Las cosas nunca van así de bien en la vida real en un período de tiempo muy largo. Lo que concebimos en ese pequeño ensueño como perfecto, como el mejor lugar del mundo, es simplemente eso, un sueño. Sí, un momento en el que todo “parece perfecto”, pero que en realidad no lo es.

Los únicos lugares donde todo lo que ocurre suele salir bien son las películas y las novelas. Depende también de su trama y de los giros que el autor decida darle.

La existencia no es ni una novela, ni una película, ni mucho menos ese “lugar utópico”. Como sabrás, aunque podamos modelar la vida a nuestra manera, esta no es perfecta. Siempre van a estar los defectos físicos, los defectos intelectuales, los defectos morales. Y eso es algo que nada ni nadie puede cambiar, porque está dentro de nuestra condición humana.

Al igual que la vida, nada ni nadie es perfecto, y por mucho que nos esforcemos, nunca vamos a conseguir serlo. Es una triste realidad que siempre atormentará a la humanidad, hasta el fin de sus días.

Menos mal que existe ese Momento, ese pequeño lapso en los que imaginamos lo inimaginable. En él, hasta la utopía más remota puede parecer real. Y eso es lo que hace que nunca dejemos de soñar.

White Iverson

 

imagen disertación definitiva
El sueño de Jacob, de José de Ribera

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