Por suerte…

Otro día más. Llegas a casa, pones las noticias, y otro día más: violencia, asesinatos, odio, mentiras, dinero, crisis, hambre, desastres… Es muy triste, terriblemente triste.

Siglos y siglos de evolución y, ¿para qué? Estamos destrozándonos a nosotros mismos con tanto odio. Odio hacia tu familia, tu trabajo, tus vecinos, odio hacia tu pueblo, los políticos, odio hacia las personas de tu mismo país, y al final, ¿para qué?

Se ha vuelto demasiado sencillo odiar, buscar la manera de ver el lado negativo de las cosas. Nadie puede ser mejor que tú, nadie puede tener más que tú, porque si no, lo odiarás. Nadie puede tener un pensamiento distinto al tuyo, nadie puede expresarse libremente, porque si no, lo odiarás.

Parece muy negativa esta forma mía de ver al mundo en pleno siglo XXI, pero es que no observo esas ganas de aprender de los demás, no veo cómo se felicita el trabajo bien hecho, no siento ese amor, compañerismo y, sobre todo, ese humanismo en la gente que me rodea. Tan solo huele a envidia, pereza, fanatismo, mentiras…

Disertación Andrea II
Saturno devorando a su hijo, de Goya

¿Dónde reside este problema? ¿De dónde nos vienen esas ganas de querer ser superiores a los demás todo el tiempo? ¿Innato o aprendido? Es difícil la respuesta. Por un lado, la competición es parte esencial de la naturaleza, ello nos impulsa a mejorar y a superarnos. Esto es muy positivo, ya que ello nos ha llevado a conseguir los grandes avances de los que hoy disfrutamos, pero también es muy negativo porque hemos llegado al punto en el que el hombre busca superar al hombre. Seres de la misma especie que luchan contra otras y contra ellos mismos, ¿estamos viviendo o sobreviviendo?

Desde el comienzo de nuestra vida nos enseñan a no conformarnos: “tienes que ser el mejor en el fútbol”, “tienes que sacar la mejor nota”, “tienes que tener el mejor puesto”, “tienes que ganar mucho dinero”, “tienes que…”, “tienes que…”, pero, ¿y si no llegas? Frustración, envidia, odio. ¿Y qué pasa con los que llegan? Generalmente lo hacen sin ser agradecidos, sin compartir sus victorias, sin disfrutar, sentimientos de superioridad, avaricia.

Es triste, es triste que pocas sean las personas que disfrutan aprendiendo de las que están por encima, y pocas son las que se preocupan por enseñar a las que están por debajo. Pocas son las que miran más allá de sus propios intereses. Ya nadie hace nada sin pedir algo a cambio, y qué pena.

Tal vez, antes de que acabe con nosotros el cambio climático, lo hagamos nosotros mismos. Es detestable ver cómo nuestra sociedad sigue llenándose de odio, competitividad y violencia, y vaciándose de respeto y amor.

Por suerte, mañana será otro día y como viene diciéndose desde tantos años atrás: “la esperanza es lo último que se pierde”.

Doblecua

3 comentarios sobre “Por suerte…

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    1. Gracias por tu comentario, POETAS EN LA NOCHE. Es una realidad triste, sí, pero seguimos confiando en que, aunque sea muy despacio y a pequeña escala, podemos mejorarla un poco. Como termina diciendo el texto, “la esperanza es lo último que se pierde” jeje

      Otro abrazo para ti 🙂

      Le gusta a 1 persona

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