Los sueños

Los sueños están sobrevalorados. Tal vez no de siempre, pero sí hoy. Los sueños son así, unas veces vienen igual que se van. Hoy los sueños no son muy importantes y, aún así, están sobrevalorados.

Anteayer, el sueño de alguien estaba extremamente relacionado con la salud. Solo se ansiaba vivir y poco más. La vida es un sueño y por eso debemos tratarla como tal, supongo. No se ansiaba algo material, sino que se aspiraba a vivir en la vida eterna, en el cielo, poder descansar de un mundo terrenal. No variaban nunca, o casi nunca. Si tuviéramos la oportunidad de preguntar a alguien de 1.600 cuál es su sueño, ¿cuál podría ser su respuesta? “Ser rey” o “vivir más de los 40 años”, probablemente. Pero aquello que más ansiaban era algo más allá de sus capacidades, descansar. Estaban ya determinados al devenir de la muerte. Su sueño, lo más probable, era morir. No conscientemente, claro, pero era algo que esperaban.

imagen definitiva disertación I

Ayer, en cambio, el sueño más común era algo casi imposible (o imposible, si así se desea). Nuestra meta (refiriéndonos a nuestros sueños), en un ámbito intelectual, consistía en encontrar el verdadero significado de nuestros propios sueños, pero ahora con un sentido distinto al que le habían dado “el día anterior”. Ahora nos referimos a los sueños que soñamos mientras dormimos y por qué ocurren. Es entonces cuando el sueño es la meta del pico intelectual-científico. Sin embargo, si preguntáramos a cualquier persona “normal” del ayer, su sueño sería mucho más distinto que el de estos señores que se dedicaban a la investigación. Probablemente sería algo más sencillo, como simplemente existir. Sus motivaciones, algo más nulas, serían algo así como sobrevivir en un mundo donde las grandes guerras y crisis socioeconómicas imperan. Algo sencillo, pero probablemente, no más fácil que las investigaciones de los intelectuales antes mencionados.

Imagen definitiva disertación II

Hoy, el sueño de cualquiera es ser afortunado, poder autoabastecerse, tal vez ser rico; a veces el perdón es su sueño, enamorarse y que sea correspondido, saber por qué desea lo que desea. Un cúmulo de los recuerdos que ha tenido, una única palabra. Hoy, nuestro sueño es seguir adelante, movernos y tener esperanza, hablamos de ello a menudo. De hecho, hoy me preguntaron cuál era mi sueño y no sabía responder, porque mi sueño es todo lo que me mueve a seguir.

Los sueños nos hacen continuar, nos hacen movernos y nos emocionan. Cuando un niño habla de sus sueños para cuando sea mayor, sea cual sea, se le iluminan los ojos. Cuando un adulto habla de sus sueños igualmente se iluminan sus ojos, como los del niño.

Sin embargo, ¿por qué íbamos a seguir nuestros sueños? Son inalcanzables, así nos lo dijeron los mayores, alguien que espero nunca ser. La niña desea ser piloto de aviones, pero el adulto se limita a bajar sus esperanzas, porque ellos tampoco consiguieron sus sueños, ¿por qué iba la niña a conseguirlos si ellos no pudieron? Al fin y al cabo, los sueños están sobrevalorados.

Celia Marín

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