Bartleby, el escribiente

Ficha técnica:

  • Escritor: Herman Melville
  • Año de publicación: 1853
  • Editorial: Nørdicalibros
  • Número de páginas: 118
  • Género: Absurdo. Existencialismo
  • Puntuación: 4/5 plumas

Probablemente uno no sepa muy bien lo que acaba de leer cuando concluye la obra que hoy reseñamos. En efecto, no es una novela al uso, tampoco su protagonista es un personaje arquetípico, pero Herman Melville consigue atraparnos – ¿e incluso que nos veamos reflejados? – en una historia que se dirige progresivamente hacia la obsesión más disparatada y absurda. Todo ello, al menos en la edición de Nørdicalibros que nosotros hemos leído, acompañado de unas geniales ilustraciones de la mano de Javier Zabala.

La historia, contada en primera persona, comienza con la presentación del propio narrador, un abogado que está a cargo de un bufete de copistas en la Norteamérica del s. XIX (época en la que aún no había fotocopiadoras en las oficinas). En esa introducción, podemos empatizar con este buen hombre, impoluto en sus modales y eficaz en su trabajo; e incluso encariñarnos con sus empleados de oficina, cuya simbiosis, tal y como es contada, resulta bastante cómica y original. En este ecosistema tan inconscientemente organizado, irrumpe la figura de Bartleby, un caballero que se ofrece para trabajar en la oficina, pero del que nada se sabe ni parece que va a saberse, pues no tiene ninguna intención de socializar con nadie.

Imagen definitiva reseña

A pesar de ello, y ya desde el principio –pues nuestro protagonista es contratado sin haber espacio para un empleado más en el bufete-, nuestro narrador comienza a sentir una inexplicable y arrebatadora influencia por parte de Bartleby, cuya intensidad no hará sino ir en aumento, a pesar –o a causa- de que nuestro escribiente no manifieste ningún tipo de emoción ni interés, más allá de su preferencia o no por hacer algo.

Así pues, en un relato que podría recordarnos a El Horla, con ese espíritu imperceptible a la vez que imparable, nuestro narrador se va haciendo cada vez más vulnerable al influjo de Bartleby, justificando cualquier acción que le impida deshacerse de él, incluso aunque éste ya no desempeñe siquiera el trabajo para el que había sido contratado.

El-Horla-por-Guillaume-Sorel

En el fondo, parece que Melville nos habla de lo frágil que es la frontera entre la cordura y la neurosis, lo poco que necesita el ser humano para desestabilizarse emocionalmente y de cómo ciertas personas, de forma voluntaria o involuntaria, pueden influenciarnos de tal manera que nos convirtamos en seres absolutamente vulnerables, incluso a pesar de ser gentes muy respetables, autosuficientes y formales.

Con respecto al final, podría contarlo en estas líneas, pero “preferiría no hacerlo” y que sean ustedes los que descubran quién era ese tal Bartleby y a qué podía deberse su peculiar carácter; aunque cuidado, no os aseguro que no quedéis también atrapados por su magnetismo.

Jesús Rivas

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