Último rodeo

Arthur Simmons comenzó a sentir un fuerte dolor y calor inusual en la parte abdominal. Justo en ese momento cayó al suelo y llevó su mano a la zona en cuestión. Descubrió una abertura del tamaño de un dedo, introdujo el suyo y notó el escozor que se siente al echar limón en un corte. Al posar la mirada sobre su dedo, pudo ver la sangre en él: la bala le había alcanzado de lleno. No sabía cómo reaccionar. Todo había pasado demasiado rápido.

Pasó solo unos segundos inconsciente, pero fueron suficiente como para que recordase toda su vida y a su familia; su dura infancia, antiguas andanzas y fechorías; a su querido hijo Jack, a su madre que tanto le había cuidado y advertido de los peligros del viejo y salvaje oeste; pero sobre todo se acordó de Mary… su querida Mary. El amor de su vida. La persona que más le apoyaba, a pesar de la vida que llevaba. La mujer que fue asesinada cruelmente por el canalla que tenía delante.

También pudo recordar con claridad el paseo que había dado el día anterior. Estuvo por la llanura de al lado de su cabaña. Recordó todo nítidamente: cómo ensilló a su caballo Tennessee, se subió en su grupa y marchó hacia el horizonte. Pudo ver toda la vegetación que había contemplado, los animales y alimañas que se encontró y la puesta de sol. La imagen del sol alzándose se le había quedado grabada en su memoria. Subió a una colina para verla mejor. Ya en la cima, la miró una vez más, se echó al suelo y comenzó a llorar desconsoladamente. Se secó las lágrimas, se levantó y juró que al día siguiente iría a acabar con un alma más: la del canalla que había asesinado a su esposa.

Seguía con ese malhechor delante, que carcajeaba de manera exagerada. Mortis Stones. El segundo cowboy más buscado de todo el Oeste, después de Arthur. Su excompañero de aventuras y ahora enemigo por una reyerta del pasado.

– ¿Qué pasa? ¿Te has quedado mudo? – exclamó Mortis. – ¿Todavía no sabes dónde está el dinero que íbamos a compartir? ¿Tampoco lo sabe tu mujer?

Una oleada de ira recorrió el cuerpo de Arthur. Su herida seguía sangrando a borbotones. Stones sacó su revólver y apuntó a Arthur en la cabeza.

-Estás acabado “Cowpoke”. Dime dónde está el dinero o iré a por Jack.

Arthur seguía inmóvil. Mortis vaciló, guardó el arma y montó en su caballo.

-Vale, tendré que preguntarle a tu hijo.

Entonces, en un último atisbo de fuerza, Arthur desenfundó su Colt del calibre 11,5 y acribilló a Stones. Este cayó de su caballo y se formó un charco de sangre a su alrededor. Había acabado con el peligro para su familia. Se acordó de Jack e intentó levantarse para ir con él y decirle que todo había terminado, que a partir de ahora serían una familia normal. Jack apenas tenía 9 años y ya deseaba dejar atrás esa vida. Pero el forajido se sentía, prácticamente, sin fuerzas. Había superado a todos los hombres de Mortis y estaba gravemente herido. Se desplomó en el suelo y sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente.

Pudo ver una luz, pero no era la luz blanca que todo el mundo describía. Se trataba de una luz de tonos naranjas. Pudo ver que se encontraba en la colina del día anterior y ante una puesta de sol. Al lado suya estaba Mary. Arthur estaba emocionado de estar con ella. Se acercó a Mary y ambos se quedaron inmóviles. Tomó la mano de su esposa y justo en ese momento, sintió cómo sus ojos terminaban de cerrarse.

White Iverson

Definitivo relato
Ilustración realizada por Midoblebeta

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