¿SOMOS LO QUE QUEREMOS O SOMOS LO QUE LOS DEMÁS QUIEREN QUE SEAMOS?

Desde  pequeños nos indican el camino que debemos seguir, la forma de comportarnos, las actividades que hacer en nuestro tiempo libre, en qué creer y en qué no. Somos como somos por la influencia de nuestros padres, hermanos, familia en general y por nuestro colegio, amigos y entorno. Siempre hay alguien a tu lado que te va indicando dónde tienes que poner el próximo pie, pero, ¿alguien se preocupa de que estés en el sitio que quieres estar?

Tal vez crees amar el fútbol porque tu padre se empeñó en apuntarte cuando tenías cuatro años, sin embargo, sigues sintiendo que no es lo tuyo y no lo dejas por no decepcionarlo. A lo mejor admiras en secreto esas obras de los museos y dibujas a escondidas porque tus amigos siempre dicen que ser artista hoy en día es ser “un muerto de hambre”. Puede ser que vayas a misa todos los domingos para satisfacer a un dios en el que cree tu abuela y no tú, o incluso que mantengas tus creencias escondidas por vergüenza. Es posible que existan tantas situaciones en las que no estamos siendo nosotros al cien por cien…

¿Por qué? ¿Por qué no nos preguntan lo que de verdad queremos? Todos quieren lo mejor para ti, pero buscan que hagas lo que les va a traer felicidad a ellos. La angustia, la tristeza, la decepción, la desilusión parecen aparecer cuando perdemos oportunidades por no defraudar a los nuestros.

Puede que sea muy difícil ir en contra de los demás, pero si no buscamos nosotros mismos nuestra propia felicidad, es muy posible que nadie lo haga por nosotros. Ya que todos vamos a convertirnos en adultos algún día, mejor ser un adulto que vive haciendo lo que ama, que un adulto infeliz intentando que los demás sean lo que él no pudo.  Y es así, la gente pretende que sus hijos, hermanos, primos, nietos se conviertan en lo que ellos un día desearon, sin entender que cada persona es un mundo y que debemos de darle a los demás la libertad de elegir su camino, sin presionarlos u obligarlos; como mucho, aconsejarlos.

A la juventud debería de llegarle el mensaje de que deben ser lo que ellos quieran, elegir los estudios que deseen, el trabajo que les haga sentirse satisfechos. Y esos padres y madres, familia y profesores deben aprender que cada uno debe crear su propio camino, dar sus propios pasos. El verdadero objetivo es ser feliz mientras llegamos a nuestras metas, no conseguir las metas para ser feliz, porque cuando menos te los esperes, la vida ha pasado. Debemos reflexionar desde el más adulto hasta el más joven, tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros, crear una sociedad de gente segura y orgullosa de lo que hace. Creo sinceramente que debe ser muy triste llegar a los cincuenta y seguir deseando hacer lo que deseabas con dieciocho.

Crecer es equivocarse mil veces y acertar un par; es caerse y levantarse; es experimentar, conocer… Si nos guían desde que nacemos, ¿qué sentido tiene esta vida?

Doblecua

Definitivo disertación

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