Compañeros de viaje

Creo que con el tiempo me he acostumbrado a vosotros; a teneros en mi espalda, a convivir sin la más mínima dificultad.

Si algún día os vais, puede que os eche de menos; puede que no; puede que siempre estéis en mí.

Para ti, Dolor, qué decirte… Eres mi mano derecha, siempre has estado aquí, en el corazón, cuando latía más rápido de lo normal o cuando se paraba de golpe esas veces que escuchábamos algo que no queríamos oír. Has estado presente en mis peores momentos, aunque solo fuese para hacer más persistente el llanto, aunque solo fuese para mojar aún más mi cara de aquello que llaman lágrimas, aquello que yo llamo tu sangre. Eso que bombeas con la ligereza con la que mi respiración se revoluciona, eso con lo que bañas mi alma, tu elixir, lo que te hace grande y fuerte, lo que te hace inmortal.

Para ti, Miedo, por ser mi más leal compañero, por ser mi otra mitad, por rellenar mi corazón cuando Dolor lo dejaba vacío, por construir las inmensas murallas que me rodean, por ser mi escudo, mi protección. Decir que gracias a ti aprendí a huir de los problemas, a encerrarlos en ese trocito de cabeza reservado a Dolor y sus trofeos. Gracias a ti, hice de mis nervios un vals en el que los temblores eran lo esencial. Pude ver el mundo con tus ojos y escucharlo con tus oídos. Por ti me convertí en lo que soy, por ti veo lo que nadie ve: que después de todo, el cielo gris es más auténtico que el azul, que la lluvia es más tranquila que el calor, que la tormenta arrasa con lo bueno… y también con lo malo. Además, agradezco que estés cuando nadie más lo está, por alojarte en mi corazón desde aquel día, por aliarte con Dolor a pesar de no ser compatibles y por reconstruir los muros que Dolor se encargaba de reducir a escombros.

Gracias Dolor y gracias Miedo por coexistir en mi cabeza cada vez que tengo pesadillas tan bonitas que parecen sueños; en mi corazón, cada vez que se comprime como si fuese a extinguirse; en mis pulmones, atándolos con vuestros enormes brazos para que no respire hasta el punto de ahogarme; en mi estómago, por hacerlo un lío de mariposas, que puede llegar a ser agradables si son con vuestros movimientos; y por último, en mis pies, por convertirlos en los ladrillos de hormigón que arrastro, por hacer mis piernas más fuertes, por si algún día tengo que huir de vosotros.

Nuria Gómez

 

imagen relato Nuria definitivo
Ilustración realizada por Midoblebeta

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