Aferrados a la vida

¿Es la vida un latido de corazón? Tal vez sea un débil pulso monitorizado que intenta escapar, pero que se aferra por unos segundos de agonía más. Tal vez nos cuesta demasiado afrontar el adiós y por eso contenemos la respiración, para no dejar escapar nuestra última espiración.

La vida deja de ser vida cuando queda sometida a un amasijo de cables interconectados a un casi cadáver, como un intento desesperado y egoísta de evitar lo inevitable.

Cuando la vida queda reducida a una mirada perdida que parece que suplica clemencia, cuando la vida ha sido devastada por una enfermedad sin compasión, por mucho que duela, ¿no es mejor encarar el adiós?

Eutanasia o “buena muerte”, una muerte digna… me recriminarás que quiera actuar creyéndome Dios, creyendo que se puede arrebatar una vida antes de que esta llegue a su final por sí misma, un final abocado a ser cruel y doloroso. ¿Acaso no te podré recriminar yo que te quieras creer Dios para decidir prolongar esa vida vacía por medio de medicina, cables y maquinarías sin alma?

Es una decisión para la cual hay que tener valor, no es una decisión gustosa, pero cuando la vida duele demasiado, déjame marchar conservando mi identidad, que sea un dulce sueño y no una tormentosa pesadilla el levantarme otro día.

Nerea Soto

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