Reflejos del pasado

Volvía a caer la tarde en la colina donde siempre nos sentábamos, bajo el árbol en el que un día quedamos por primera vez. Volvía a caer, pero tú ya no estabas allí. Me senté en el banco donde nos dimos un abrazo por primera vez, ahora siento un calor irremediable solo con recordarlo, porque tú, repito, ya no estabas allí. Y aunque no estuvieras, yo te seguía viendo, pero ya no a mi lado. Me di cuenta de que estabas ardiendo entre el frío del invierno y el calor del verano. Ardías como la bola de fuego que nos bañaba nuestra primera tarde, cálida y ardiente, ardes.

Y es entonces cuando te fijas en que te estoy mirando con el alma partida, pero no me miras como yo a ti. Sigues ardiendo mientras te aproximas al mismo banco en el que me siento, pero no me miras como quiero. Sin mediar palabra, te quedas mirándome mientras las hojas caen a nuestro alrededor, no murmuras ni una palabra y solo podemos escuchar nuestros propios alientos. Pestañeo, pensando que por un momento me besarías, pero me doy cuenta de que solo eres un recuerdo cuando vuelvo a abrir los labios, y ahora, la única que arde, soy yo.

Celia Marín

imagen relato definitiva
Ilustración realizada por Domingo Lorente

2 comentarios sobre “Reflejos del pasado

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