Ausencia

A su paso tan solo dejó un quejido de ausencia y mil años de inútil peregrinaje.

Como un vagabundo sin corteza espinal que atraviesa el fuego tocado por el zafiro de la noche.

Sus ojos de Arabia convirtieron el calor del invierno en un balcón con vistas al mar. Un Mediterráneo que, por poco visto, inunda las playas de arcilla y las olas de suspiros.

Una música de inframundo, donde el protagonista era el duelo y la antagonista la lluvia, sonaba durante la despedida triunfal.

Es difícil hallar solución al descontento.

Es brutal lanzar abrazos al mundo y obtener por respuesta golpes de furia en las costillas.

A su paso tan solo abandonó certezas y una pizca de sabiduría compartida por el intercambio sellado con saliva y sangre.

Hay momentos en que la risa no es una muerte de la razón, sino una extravagancia de las sensaciones. Una promesa incumplida.

Hubo dos manos que de tanto entrelazarse se anudaron como sogas marineras. Y el salitre del mar se unió a la nieve de la montaña y hubo una explosión de consecuencias irreparables.

Y mi garganta intenta gritar con una furia de esqueleto insensible, donde las palabras ni siquiera sirven para lanzar ráfagas de rabia hacia la luna.

Ahora sus pasos se enfilan hacia el sur y mi ánimo hacia el molino de sus labios.

Carlos Asensio Alonso

Poema extraído del libro Arder o quemar, que será publicado por la editorial Maclein y Parker en primavera de 2019.

ilustración colaboración febrero
Ilustración realizada por Inmaculada Mantas

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