Música, luego existo

¿Alguna vez te has preguntado cómo funciona la música? Y no me refiero a cómo se estructura, ni nada que tenga que ver con clases de solfeo ni nada por estilo, sino que como arte que es, la música vive para hacernos sentir, pero no puede generar nada nuevo sin un punto estable de referencia, al igual que un niño no puede comprender un cuadro de la misma forma que alguien que ha estudiado las influencias de ese periodo artístico.

Como en ocasiones ocurre con la música, también nuestra vida suele transcurrir con un pulso estable y, aunque no caigamos en la cuenta, en completa tranquilidad podemos notarlo. En reposo, nuestro corazón late entre unas 60-100 veces por minuto. Si algo nos calma, el pulso baja; si nos altera, sube. Pero en calma todo es estable, nada cambia y todo es esperable, como en muchas de las melodías musicales, cuyo ritmo sigue unos patrones fácilmente previsibles.

Esta confirmación de lo esperado es uno de los mayores placeres del ser humano, pues podríamos decir que las expectativas que generamos se cumplen. Esto trasladado a la música se vería fácilmente en esta melodía de Bach (con un acompañamiento), melodía con una idea, que dialoga y llega a una conclusión, todo consistente, apacible, esperado, expectativas cumplidas. Pero esto es monótono, y hasta cierto punto puede llegar a ser soporífero, y es aquí donde entra en juego lo inesperado, la pasión -por llamarlo de algún modo-, las sorpresas en la música, las diferencias.

También hacen grande a la música las diferencias. Concretamente en la música clásica, los vals son un claro ejemplo de combinación de sorpresa y consistencia, ya que su ritmo así lo pide. Pero no solo ocurre en los vals, sino en otras obras como, por ejemplo, El Otoño, de Vivaldi, una obra que mezcla consistencia con giros inesperados, que nos transmite las sensaciones del otoño y nos transporta a recuerdos relacionados con dicha estación. Esto nos reconforta, ya que nuestro subconsciente enlaza sensaciones con las sorpresas de esta melodía y, además, crea las mencionadas expectativas que se cumplen durante el transcurso de la pieza, lo cual nos da una sensación parecida a llevar la razón en una discusión, ya que mientras la melodía dialoga, nosotros mismos estamos conectando con ella y sintiéndonos parte de ella.

Así, tanto las expectativas cumplidas como las sorpresas, junto a las asociaciones de nuestro subconsciente, nos hacen disfrutar de la música, a expensas de que una melodía desemboque en una conclusión o en otra.

Aritz

 

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