A través de mi ventana

-1-

Miércoles, tres de la mañana.

No puedo dormir.

Mis ojos clavados en gotelé sucio del techo

No puedo dormir.

Mi mirada comienza a bailar entorno a toda la habitación

Inquieta no encuentra nada que la libere

y se posa en la ventana del cuarto.

La ventana revela un paisaje incierto.

Bloques de pisos grises

Escoltando una carretera yerma.

La bóveda celeste es un manto negro.

Hoy no brillan ni luna ni estrellas.

Marinero perdido en el mar.

En la tierra mil luces artificiales

Relucen rutilantes,

se cuelan a través de mi ventana

y apuñalan mis retinas.

Estoy cansado, quiero dormir.

Estoy cansado, quiero huir.

 

Las luces danzan

Iluminan y revelan que no soy nada

De ellas no puedo apartar mi mirada.

Titilan, se retuercen, se agitan

Se cuelan a través de mi ventana.

Son amarillentas, pero frías

Enfermas.

Macabro espectáculo.

Sus movimientos erráticos van acompasados

Por el murmullo, el

Suave ronroneo del motor de los coches

Es suave, sordo, llega a mis oídos

Apagado, llega a mis oídos

Lo acompaña el chillido de los murciélagos

Sucias alimañas de la noche.

Sus agudos chillidos desgarran mis tímpanos

Tan agudos, tan molestos

¿Dónde se esconderán durante el día?

Ellos tienen miedo a la luz del sol

Ellos eligieron la noche.

 

Una sirena suena estridente,

Interrumpe mis pensamientos,

Funesto presagio de la desgracia

Rompe la melodía nocturna.

 

Toda aquella realidad siniestra

Ruido y luz entre lazados,

Enhebrada a través de mi ventana

Se colaba destilada.

Entre sábanas yo me retorcía

Sentía que agonizaba.

Ruido y luz en la ciudad son diferentes

Tengo todavía que acostumbrarme.

 

¿A dónde habéis ido

Luna y estrellas?

No podía parar de preguntarme.

No había respuesta.

¿A dónde habrían ido?

Me hubiese gustado ir con ellas.

Luces artificiales no consiguen arrancar

De mis ojos destellos.

Luces artificiales

No consiguen iluminar camino

 

Estaba mi pensamiento confuso.

Miraba el paisaje difuso

Y no sabía en qué pensar.

 

Debía ser la melancolía,

Tal vez el otoño

Las hojas que caen a plomo

Chocan contra el suelo,

Las gotas de lluvia

Que se precipitan desde el cielo

Para hacerse añicos contra el suelo.

 

Detestaba ese paisaje,

Me incitaba, no me dejaba dormir

Y lo detestaba.

No porque no fuese hermoso,

Tampoco monótono.

Era una máscara falsa,

Podía verla tratando de ocultarse

Su naturaleza, su naturaleza salvaje.

Antonio Jiménez

 

Dibujo poema definitivo
Ilustración realizada por Alabel

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