Sin ideas

Se presenta ante mí una página en blanco, y en esa inmensa blancura comienzo a escribir. Primera idea… desechada, no me parecía original. Segundo intento, otro fracaso, me quedo atascada, abrumada por mis pensamientos y pensando en mi cabeza: no sé cómo seguir esto. Pero de repente una idea, sin reflexión, sin inspiración, un último intento desesperado para entregar la disertación antes de que expire el plazo.

Decido dejar a mis dedos pulsar las teclas y contar mi triste experiencia, ¿a dónde van a parar las ideas desechadas? ¿Somos a veces demasiado exigentes con nuestras ideas? Creo que esas ideas nunca llegan a desaparecer, luchan por ser alguna vez lo suficientemente buenas como para salir del interior de nuestra cabeza. A veces se esconden hasta que estamos preparados para darles forma, hasta que somos lo suficientemente maduros para comprender que, tal vez, no era tan malas ideas.

Esto me lleva a pensar que quizás somos demasiado exigentes con nosotros mismo, forzamos a las ideas a salir apresuradamente incluso si no están preparadas, buscando en nuestro interior una fórmula revolucionaria. Pero nuestra fórmula revolucionaria no surge de la noche a la mañana, ni te viene la inspiración cada lunes a las 3, y cuando esto sucede, cuando descubres que has desechado todas tus ideas y que tu fuente de inspiración está en sequía extrema empiezas a temblar porque a partir de este punto de no retorno tienes dos opciones: te retiras a tiempo, te lames las heridas, desapareces y das tiempo a que de tu fuente broten nuevas ideas o, llevado por las prisas y por la necesidad inmediata, te vendes a los más repetidos clichés, abandonas la pasión y la transformas en papel usado, y todas esas ideas rechazadas por no estar a tu altura te parecen que no están tan mal y comienzas a escribir con el estómago, regurgitando palabras que ya estaban escritas en ese orden y conviertes tu obra en el espejo de una sociedad demasiado globalizada; en la que se premia la mediocridad y se castiga a lo diferente. Y es entonces cuando decides recorrer el camino fácil, porque para seguir la corriente no te hace falta tu maravillosa idea revolucionaria, simplemente dejarte llevar, acomodarte en el sofá, mirar la televisión, escribir una historia cutre y no sentir remordimientos. Y todo te pasa porque una vez te quedaste sin ideas.

Nerea Soto

 

Imagen disertación definitiva

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