La resistencia, de Ernesto Sábato

¿Os ha pasado alguna vez que termináis una película, una serie o un libro y sentís que algo en vosotros ha cambiado? Pues bien, creo que este libro me ha hecho pensar y replantearme toda mi vida.

A Ernesto Sábato tan sólo le hacen falta cinco cartas y un epílogo para meterse de lleno en el mundo moderno en el que vivimos. En ellas, explica las tristes realidades tan presentes de nuestro día a día pero que, sin embargo, nadie, o casi nadie, sabe qué hacer para combatirlas. Este ensayo sobre temas tan transcendentales lo realiza ya en una edad muy madura en la que sabe a la perfección qué decir y cómo expresar lo que siente, la edad se lo permite.

El autor comienza su primera carta con Lo pequeño y lo grande. Es aquí donde nos muestra que la raza humana se está descontrolando, que somos nosotros mismos los que nos estamos destruyendo. Uno de los ejemplos que utiliza para explicarse es el cáncer, enfermedad moderna, que la define como un tipo de crecimiento desmesurado y vertiginoso que asocia con la sociedad y su rápido desarrollo. Además, también habla del destino y la casualidad, ¿qué opinar ante este tema? Ernesto apuesta por la realidad del primero y lo expresa así: ‘uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con un rumbo fijo’. No cree que absolutamente nada sea obra de la casualidad.

Pasando a la segunda carta, queda muy claro de qué trata viéndose el título: Los antiguos valores. La vida, las personas, sus aficiones, sus comportamientos…todo ha cambiado de una forma demasiado rápida y ya nada tiene la misma importancia que hace algunos años. ¿Dónde han quedado la fidelidad, la vergüenza, la lealtad…? Como dice el autor, ya apenas quedan restos de un tiempo más humano. Compara desde un gran pesimismo las antiguas épocas y la actual, “El tiempo de la  vida no era el de la prisa de los relojes…” Y es que, efectivamente, así es. Andamos día tras día sin tiempo para las cosas realmente importantes: un café con amigos o un paseo al atardecer, cosas que nos hacen humanos de verdad.

La tercera, Entre el bien y el mal creo que toca mucho nuestra cabecita, alma o lo que sea que tengamos dentro. El argentino saca el tema de las personas mayores, nuestros padres y abuelos, a los que les debemos la vida y todo aquello que tenemos, y afirma que nuestra ‘avanzada’ sociedad deja de lado a quienes no producen, ¡y qué razón lleva! Es triste ver cómo dedicamos tan poco tiempo a esas personas que tanto nos han dado en su día. Además, realiza una crítica a la educación, que el siguiente fragmento resume a la perfección:

“¡Lo que podría ser la enseñanza si en lugar de inyectar una cantidad de informaciones que nunca nadie ha retenido se la vinculara con la lucha de las especies, con la urgente necesidad de cuidar los mares y los océanos!” Creo que sobran las palabras.

No quiero alargar mucho más esto, por eso, brevemente voy a hacer un paso por la cuarta carta: Los valores de la comunidad, la quinta: La resistencia y el epílogo: La decisión y la muerte. El mundo ha caído en un terrible abismo que no tiene fin y en el que la globalización lo ha dominado dando lugar, no sin cierta paradoja, a que cuanto más unidos nos sentimos a los demás, más lejos estamos realmente de ellos. Hemos perdido nuestra propia dignidad porque estamos siendo domesticados por la sociedad y nadie hace nada, nadie  lucha por una vida más “real”. El miedo nos impide actuar, y lo peor de todo es que tal vez sea el propio miedo a ser libres el que no nos deja combatir ante este mundo tan inhumano antes de llegar a la muerte…La muerte, tan temida cuando no hemos encontrado sentido a nuestra existencia, pero tan esperada cuando estamos convencidos de que hemos vivido una vida plena. ¿Será este tan propagado temor a la muerte un reflejo de nuestra existencia?

Es muy difícil dejar reflejado tanto en una simple reseña, porque este no es un libro cualquiera. Nuestro mundo nos necesita más que nunca y Ernesto Sábato, mediante esta obra, nos está pidiendo a gritos que resistamos, que no dejemos de ser lo que somos, humanos. Yo también intentaré mantener tu esperanza demencial en nosotros, Ernesto.

Doblecua

 

Imagen reseña definitiva

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