Un verdadero espectáculo de marionetas

Érase una vez, en un lugar perdido en el tiempo y la realidad, una ciudad de juguete, una ciudad construida a partir de materiales típicos de juguetes. En aquella ciudad se podían ver edificios de colores iguales y de la misma altura, todo colocado y organizado de una manera simétrica, casi sin diferencias de unos entre otros. Esta extraña ciudad era habitada por marionetas de madera. Por las calles, edificios y allá donde miraras podías ver marionetas de madera caminando, siempre en grupos o en dúos. Las marionetas presentaban diseños diferentes, algunas marionetas tenían pintadas en su cuerpo trajes y otras tenían pintadas ropas informales. Sin embargo, solo había un solo diseño para cada estereotipo de marioneta, así que todos los grupos de marionetas que pasaban eran copias exactas las unas de las otras, pero incluso entre los diferentes estilos siempre había dos características que se podían encontrar en cada marioneta: una sonrisa perfectamente pintada y cables; cables que se encontraban conectados a sus muñecas y nucas.

Nuestra historia comienza con una marioneta. Esta marioneta era como las demás: sonrisa y cables conectados a sus muñecas y nucas. Esta marioneta pertenecía al estereotipo de ropa informal y, como sus compañeros de estereotipo, esta marioneta presentaba un diseño muy simple: ropas informales grises, extremidades que solo pueden moverse en línea recta con un punto de unión en los hombros y en las caderas mediante tornillos plateados. Cada una de las marionetas de madera de este estereotipo tiene el género de un joven humano adolescente plasmado en un cuerpo de marioneta. Nuestra marioneta en particular se encuentra caminando con su grupo de marionetas por las calles de esta ciudad, cada grupo de marionetas caminando ordenadamente, siempre con un camino fijo perfectamente limpio y cuidado. La historia de esta marioneta comienza cuando, en mitad de su camino rutinario, algo capta su atención separándola de su camino. Lo que esta marioneta avistó fue un broche de mariposa; un pequeño broche que se encontraba en una calle polvorienta debida a su desuso, la cual se alargaba hasta un punto que la marioneta no podía discernir.

La marioneta, entonces, hizo algo que jamás había hecho en toda su existencia: se salió del grupo y se dirigió hacia aquel simple broche. Desde que se giró y empezó a dar pasos hacia aquel broche, los tubos que se conectaban con la marioneta en las diferentes partes de su cuerpo empezaron a hacer presión para volver a encaminar a la marioneta hacia su grupo, el lugar al que correspondía. Sin embargo, la marioneta deseaba ese broche. Por alguna razón inexplicable para ella misma, aquella marioneta deseaba ese broche con una fuerza demoledora que le impedía echarse atrás. Justamente cuando llegó a tocar el broche, cuando lo sostuvo entre sus dos manos cinceladas, fue cuando los tubos empezaron a retorcerse con una fuerza tal que astillaban el brazo de madera de la marioneta hasta que finalmente se separaron completamente de su cuerpo, dejando unas marcas circulares con grietas que se extendían en todas las direcciones en sus muñecas y nuca. De esas mismas marcas y los extremos de los tubos que estaban conectados a la marioneta empezó a salir un líquido negro y pegajoso. Los tubos empezaron a alejarse de la marioneta, dejando un reguero de líquido negro a medida que ascendían a los cielos y se perdían entre el popurrí de cables que convergían en ese punto. Mientras tanto, las marcas en el cuerpo de la marioneta no dejaban de rezumar líquido negro, el cuál iba siendo expulsado a una velocidad tan alta que ya había un charco en los pies de la marioneta. Y fue entonces cuando se produjo el primer cambio en aquella marioneta, uno que le acompañaría y cambiaría para siempre: sintió miedo.

Un miedo originario se encendió en aquella marioneta, un miedo que no le dejaba volver a su ciudad, con su grupo y a aquella sociedad perfectamente organizada porque, en el fondo, ella ya sabía que, aunque lo intentara, ya no podría. Había cambiado, se había salido del grupo y ahora estaba sufriendo y entendiendo las consecuencias. Así pues, hizo lo único que pudo pensar que era buena idea en ese momento y empezó a moverse, adentrándose en aquella calle sin fin en la que encontró ese broche, aquel broche que lo había cambiado todo. Conforme avanzaba, los edificios cambiaban a medida que la calle también lo hacía, volviéndose calles y edificios típicos que encontrarías en una ciudad. En algún momento de su escape hacia lo desconocido, la calle se ramificó en cientos de caminos distintos, cada uno exactamente igual que el otro, provocando en la marioneta su segundo sentimiento: confusión.

La marioneta no sabía qué decisión era la correcta. En su sociedad de marionetas y juguetes no había tenido nunca semejante problema, puesto que nadie tomaba decisiones, todo lo hacían en función de lo que los cables les mandaban. En ese estado de miedo y confusión, siguió caminando por un camino aleatorio hasta que por alguna razón no se podía seguir moviendo igual que antes. Cada vez que lo intentaba acababa tambaleándose hasta que, inevitablemente, acabó en el suelo. Con un chasquido, la marioneta hizo contacto con el suelo, provocando que una parte de su brazo se agrietara aún más. Fue entonces cuando la marioneta se fijó en un detalle bizarro y horroroso para ella: la madera de la que estaba hecha se estaba pudriendo. Mirando a su derecha, la marioneta encontró una cristalera que pertenecía a un edificio de colores vivos; sin embargo, esto no fue lo que llamó la atención de la marioneta. Todo su cuerpo se estaba pudriendo. Podía ver cómo la cara de chico adolescente antaño perfectamente pintada se volvía irreconocible debido a los colores negros que aparecían en la madera.

El brazo agrietado empezó a agrietarse aún más, provocado por un nuevo flujo de líquido negro, abriéndolo y rompiendo desde las manos hasta el hombro. Del flujo de líquido negro salió algo más físico, una masa negruzca que se movía como si estuviera sufriendo un gran dolor. Unos segundos después, el líquido negro se disipó y dejó expuesto un brazo humano que nacía del todavía goteante hombro de la marioneta. Entonces la marioneta empezó a mover el nuevo apéndice, intentando entender qué era, agrietando gravemente el resto de su cuerpo sin casi saberlo. Y debido a esos movimientos erráticos, la vida de la marioneta acabó. Las grietas que ella misma creó moviendo el brazo acabaron por desestabilizar la integridad física de su cuerpo y romperlo en pedazos, dejando detrás de sí una masa envuelta en ese líquido negro. A medida que iba siendo removido torpemente por el brazo, el líquido dejaba ver a una chica adolescente. Era pelirroja, con ojos verde esmeralda y una expresión de confusión y miedo a medida que empezaba a sentir todo lo que estaba pasando. Cuando el líquido se fue de su cuerpo, pudo empezar a notar un frío horrible que no había sentido jamás en su vida. Sin embargo, fue arreglado en cierta medida cuando algo cubrió su blanca piel desde la espalda. Al girar su cuerpo, se encontró con la silueta de un ser humano, el cual le estaba ofreciendo su mano para ayudarla a ponerse de pie. Y, como todas sus decisiones en ese día, la ex-marioneta decidió agarrar el broche del lugar donde había caído al romperse su “cascarón”, y tomó la mano de la silueta.

Así fue como acabó la vida de una marioneta y una persona nació.

José Antonio Castillero

imagen relato publicar sí o sí
Dibujo realizado por Francisco Ariza

2 comentarios sobre “Un verdadero espectáculo de marionetas

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    1. ¡Gracias, Vicky! Nos alegramos mucho de que te haya gustado. Esperamos verte más veces por nuestra web, y recuerda que puedes suscribirte a la página y seguirnos en Twitter. De esa forma estarás al tanto de nuevas publicaciones 🙂

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