¿Podemos sentir placer sin ser tocados?

Te pones los auriculares, abres YouTube, buscas tu canción preferida. A continuación te echas sobre la cama, cierras los ojos y dejas que la música te inunde. Todas las armonías, saltos de una nota a otra, los acordes, diversos ritmos, la voz de ese artista que tanto te gusta… toda esa combinación de vibraciones penetran tu oído, atraviesan tu nervio auditivo y llegan a tu cerebro. Y entonces ocurre. Un escalofrío recorre todo tu cuerpo, la piel se eriza, sientes un cosquilleo muy placentero; te relajas.

Sí, amig@, acabas de tener un orgasmo de piel. Es decir, no hace falta ser tocado para provocarte un orgasmo. Y es así, ¿o a ti nunca te ha pasado?

La ciencia aún no ha sido capaz de explicar exactamente por qué el cuerpo reacciona así. Sin embargo, según un estudio, este curioso orgasmo se debe a múltiples cosas. Por ejemplo, a que desde que somos pequeños, inconscientemente empezamos a aprender normas sobre la composición (en cuanto al ritmo y el compás, las distintas tonalidades que existen, e incluso la letra de la canción, la rima de las estrofas o los agudos y graves de los distintos instrumentos). Si, por ejemplo, una canción cualquiera sigue estas normas al pie de la letra, la canción nos resultaría aburrida y sosa. Por otro lado, si no sigue para nada ese esquema, nos sonaría a ruido. Sin embargo, cuando una melodía está entre ambos casos, es muy probable que se produzca este fenómeno.

También sabemos que esto no solo tiene que ver con la sensibilidad de la persona, sino que está relacionado con la capacidad que tiene alguien de intelectualizar, es decir, interpretar desde un punto de vista intelectual, las distintas melodías. Me refiero con esto a que una persona que toca algún instrumento, es músico o tiene estudios musicales, tiene más probabilidades que cualquier otro de sentir este tipo de cosquilleo. Además influyen mucho nuestras experiencias autobiográficas, por eso muchas veces nos sentimos identificados con canciones y esto hace que nos emocionemos más aún. Curiosamente, las personas, cuando estamos tristes, tendemos a ponernos música en la que se habla de desamor, o de la pérdida de alguien… y esto hace que profundicemos más en el tema y creamos que lo que describe la letra es justo lo que nos ocurre a nosotros, ¡lo que en ocasiones, hasta puede hacernos llorar! Por otro lado, incluso el hecho de entender lo que sintió el compositor del tema al componerlo, también puede ponernos la piel de gallina.

Con todo esto, puede pensarse que la música muchas veces puede ser similar a las drogas o incluso al sexo, ya que se vuelve adictiva y genera en nosotros sensaciones extraordinarias. Tengo la suerte de que me pase esto muy a menudo. Espero que tú, que estás leyendo esto, seas tan afortunad@ como yo. Me declaro adicta a la música. ¿Y tú?

Popicente

imagen musicología definitiva

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: