Melancolía

Es esa hora de la mañana en que la oscuridad

parece que pesa,

en que los primeros viandantes sonámbulos y ajenos

brotan de esas casas idénticas, horriblemente idénticas,

y pisan fuerte el asfalto  y anuncian su destino…

 

Las pocas gotas de rocío

que reflejan débiles rayos matutinos

se han indignado al no ser contempladas;

la soledad es así, no deliberada, intransigente

como damisela dieciochesca contrariada ante el despecho

de un bello joven lechuguino.

 

Los de más donaire alardean en las aceras a la nada,

al insufrible silencio de la calle que, sorprendida,

va guiñando en las esquinas a las inusitadas señoras

que aparecen por portales de lujo salmantino.

 

Los de más pesadumbre alimentan su ego con el sol

que anuncia viejos trajes de antiguas oficinas,

ya usados por los dedos de la muerte…

 

Sólo un hombre, hierático, sumido aún en el sueño

callejero de la noche, despierta sus fauces no por hambre,

Sino por  el destino explotador de la pobreza.

 

Y, al sentir  la dureza del asfalto,

se recoge nuevamente,

en las duras sábanas  de pasta de los árboles.

José María Santos

Imagen Colaboración definitiva.jpg
Melancolía, de E. Munch

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